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  1. Como primera regla está: Si no sabemos qué hacer, busquemos a quien nos pueda ayudar y muy importante es, el NO poner en riesgo nuestra propia vida.
  2. Conservar la calma.
  3. Revisar el lugar para detectar si hay algún peligro.
  4. Verificar que el herido se encuentre en una zona segura, de no ser así, ponerlo en un lugar seguro, moviéndolo lo menos posible.
  5. Pedir ayuda inmediatamente a los teléfonos de urgencias (Cruz Roja,bomberos, policía).
  6. NO darle nada de comer o de beber al lesionado.
  7. En caso de que haya varios lesionados, se debe atender al herido más grave, que es el que no respira, presenta hemorragia o ha perdido el conocimiento.
  8. En caso de fractura no mueva al lesionado, sobre todo si se tiene sospecha de fractura de cráneo, columna o cuello.

Durante la etapa de recuperación posterior a la cirugía, es importante llevar una dieta de alimentos blandos o una dieta líquida, hasta que la zona comience a cicatrizar. Los alimentos fríos son ideales o los alimentos a temperatura ambiente, como puré de papas. No se recomienda ingerir alimentos calientes, porque pueden romper el coágulo de sangre en el alvéolo y provocar una infección o un problema llamado “alvéolo seco”. Éste es el momento de disfrutar de tomar batidos, comer pudín y mucha gelatina. Los batidos proteicos también le ayudarán a satisfacer sus requisitos nutricionales diarios con un mínimo esfuerzo. Pero, si va a tomar batidos o líquidos, asegúrese de tomar directamente del vaso, ya que los sorbetes no deben usarse luego de una cirugía hasta obtener la aprobación del cirujano. También está prohibido fumar.

A medida que se recupere luego de la cirugía de extracción de las muelas del juicio, la recuperación es su prioridad número uno. Asegúrese de respetar las instrucciones de su cirujano bucal, ir a sus citas de seguimiento y lavarse suavemente el área de la cirugía luego de cada comida, tal como se lo indicó su médico, para evitar infecciones.

 

5 beneficios de tener una mascota en casa

1. Alivian la soledad y la depresión

 

Contar con una mascota en el hogar puede ayudar a evitar estados como la depresión por sentimiento de soledad, ya que su compañía estimula el contacto físico y la comunicación. Además, la persona se siente más segura, protegida y con la certeza de que siempre va tener a alguien cerca.

 

2. Mejoran la vida social.

 

Nuestro animal de compañía puede ser el vínculo que nos permita conocer nuevos amigos y agrandar nuestro círculo social. Con frecuencia, salir a la calle es la excusa perfecta para conocer a alguien en el parque e iniciar una conversación, por ejemplo, sobre el cuidado de las mascotas.

3. Reducen las enfermedades

 

Un estudio de la Asociación Americana del Corazón ha demostrado que los dueños de perros tienen menos riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, dado que el simple hecho de acariciar a un perro o contemplar a los peces de un acuario tiene un efecto relajante que reduce la frecuencia cardiaca. Además, convivir con animales desde temprana edad, ayuda a fortalecer el sistema inmunológico, reduciendo con esto el riesgo de desarrollar alergias y enfermedades respiratorias, entre otras.

 

4. Elevan la felicidad y la autoestima

 

Diferentes encuestas han determinado que las personas que tienen en su casa un gato o un perro, sienten menos tristeza porque, al jugar con la mascota, se estimula la producción de serotonina y la dopamina, que nos hace sentir más felices. Un animal nunca te va a juzgar por tu apariencia o nivel socioeconómico, simplemente te va a aceptar tal y como eres, mejorando así tu autoestima y confianza en ti mismo.

 

5. Estimulan a los niños

 

 

Además de ser un compañero de juegos para los más pequeños de la casa, crecer con una mascota es una oportunidad para enseñarles a ser más responsables, siempre y cuando ellos se impliquen en el cuidado del animal. Los niños acostumbran a tener una conexión muy estrecha con sus animal de compañía, quien acaba convirtiéndose en su mayor amigo y protector.

 

Cuando los niños saben que van a "ir al médico" o al pediatra, muchos se preocupan y sienten aprensión ante la visita. Independientemente de que vayan a ver a su pediatra de atención primaria o a un especialista y de que se trate de una visita de rutina o de una visita por una enfermedad o problema médico, los niños tienden a tener miedo y algunos hasta pueden sentirse culpables.

Algunos temores y sentimientos de culpa son fáciles que se pongan de manifiesto y que los niños hablen abiertamente sobre ellos, pero hay otros miedos que se guardan en secreto y sobre los que no se habla. Usted puede ayudar a su hijo a expresar esos miedos y a superarlos.

Miedos y preocupaciones más habituales sobre las visitas médicas

Entre los elementos que suelen ocupar los primeros puestos en las listas de miedos y preocupaciones que acompañan al hecho de ir al pediatra, se incluyen los siguientes:

  • La separación. A menudo los niños temen que sus padres los dejen solos en la sala de conversación y los esperen en otra sala de la consulta. El miedo a separarse de los padres durante una misteriosa exploración médica es muy frecuente en niños de menos de siete años, pero también puede estar presente en niños mayores, de hasta 12 o 13 años.
  • El dolor. A un niño le puede preocupar el dolor asociado a ciertas partes de la exploración médica o a algún procedimiento médico. Los niños sienten una aprensión especial a que puedan necesitar que les pongan una inyección, sobre todo cuando tienen entre seis y 12 años.
  • El pediatra. Algunos de los temores del niño pueden estar relacionados con la actitud y forma de proceder del pediatra. Un niño puede malinterpretar cualidades como la rapidez, la eficiencia y la actitud distanciada del profesional médico como hostilidad, frialdad o rechazo.
  • Lo desconocido. El miedo ante lo desconocido hace que a los niños también les preocupe la posibilidad de que sus problemas médicos sean mucho peores de lo que les explican sus padres. Algunos niños que padecen problemas sin importancia pueden temer que los tengan que operar u hospitalizar y otros temen poderse morir por el mero hecho de estar enfermos.

Además, los niños a menudo tienen sentimientos de culpa: creen que la enfermedad o afección que padecen es un castigo por algo que han hecho mal o que han dejado de hacer. Los niños que se sienten culpables también pueden creer que las pruebas y procedimientos médicos forman parte de ese castigo.

Cómo ayudar

Puede ayudar a su hijo estimulándolo a expresar sus miedos y refiriéndose a ellos con un lenguaje que él entienda bien y que sea difícil de malinterpretar. A continuación figuran algunas recomendaciones prácticas para conseguirlo.

Explíquele la finalidad de la visita

Si la próxima visita de su hijo va a ser una revisión de rutina, dígale: "se trata de un simple chequeo. El pediatra se limitará a comprobar cómo estás creciendo y desarrollándote, al tiempo que te hace preguntas y te revisa para estar seguro de que tu cuerpo está sano. Y tú podrás hacerle todas las preguntas que quieras sobre tu cuerpo y tu salud". Asimismo, haga hincapié en que todos los niños sanos van al doctor para someterse a este tipo de visitas.

Si su hijo tiene que ir al pediatra para que le diagnostiquen y/o traten una enfermedad u otra afección, explíquele, sin utilizar palabras que podrían asustarlo que "el pediatra necesita revisarte para averiguar cómo solucionar tu problema de salud y ayudarte a mejorarte".

Es una buena idea preparar al niño con cierto tiempo de anticipación para que la visita médica no le tome desprevenido. Cuando explique a su hijo la finalidad de la visita, el hecho de hablarle sobre el pediatra en términos positivos también puede favorecer que se cree una buena relación entre ambos.

Aborde cualquier sentimiento de culpa que pueda tener su hijo

Si su hijo tiene que ir al pediatra debido a una enfermedad u otra afección médica, es posible que tenga sentimientos de culpa no expresados al respecto. Háblele sobre la enfermedad o afección utilizando un lenguaje neutro y asegúrele que no es por su culpa: "Esto no es la consecuencia de algo que has hecho o que te has olvidado de hacer. Hay muchos niños que padecen enfermedades similares a la tuya. ¡Tenemos mucha suerte de contar con médicos que pueden averiguar lo que te ocurre y ayudarte a ponerte bien!"

Si usted, su cónyuge, otro familiar o algún amigo ha tenido (o tiene) la misma afección que su hijo, comparta con éste último esa información. El hecho de saber que usted y/o otras personas conocidas han pasado por lo mismo que él le ayudará a atenuar los sentimientos de culpa y los miedos que pueda tener.