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La automedicación en un hábito común en nuestra sociedad y no está exento de riesgos: utilizamos medicamentos para el dolor de cabeza, para problemas gástricos, para relajarnos, para la tos, para la alergia, etc.

 

La automedicación es la utilización de medicamentos por iniciativa propia sin ninguna intervención por parte del médico (ni en el diagnóstico de la enfermedad, ni en la prescripción o supervisión del tratamiento). Cuando eliges un medicamento, hay varios parámetros que se deben tener en cuenta, como tus antecedentes médicos, las alergias, los medicamentos que tomas a largo plazo, entre otras cosas, por ello la importancia de que sea un especialista quien te recete el medicamento que en realidad necesitas.

Razones para no automedicarse

1. Los medicamentos no sólo actúan de acuerdo a sus componentes, sino también según las características particulares de la persona que los ingiere: si alguien está recién operado, por ejemplo, una simple aspirina puede ocasionarle una hemorragia, por sus propiedades anticoagulantes.

2. Los fármacos pueden tener efectos colaterales: aunque sirvan para curar la enfermedad para la cual se administran, algunos fármacos tienen efectos colaterales esperables, como sequedad en la boca o insomnio, que deben ser informados al paciente antes de recetarse.

3. Independientemente de la dosis, y aunque no ocurra en todas las personas, los medicamentos pueden tener efectos adversos o indeseados: los corticoesteroides, por ejemplo, pueden originar úlcera péptica secundaria; los estrógenos, náuseas, cefalea y mareos; la eritromicina, dolor de estómago y diarrea; antibióticos como la amoxicilina, erupciones cutáneas e incluso shock anafiláctico, que pone en peligro la vida del paciente; y la dipirona –usada como analgésico–, puede ocasionar problemas en la médula ósea e interferir en la producción de células sanguíneas. El médico debe verificar en qué situación los beneficios de un medicamento son mayores que sus riesgos potenciales.

4. Algunos fármacos pueden provocar adicción: las benzodiacepinas, que inhiben el sistema nervioso central, o los antitusivos con codeína pueden originar cuadros adictivos sin que la persona se percate por eso su uso debe ser estrictamente vigilado por el médico.

5. Al aliviar los síntomas, algunos medicamentos dificultan el diagnóstico: entre ellos, los antipiréticos (que bajan la fiebre), los antieméticos (que impiden el vómito) o los antiespasmódicos (que alivian los dolores abdominales).  Al disminuir la motilidad intestinal, estos últimos, además, bloquean la eliminación del agente patógeno.

6. Algunos fármacos pueden provocar intoxicación por sobredosis: según la cantidad ingerida, las benzodiacepinas, por ejemplo, pueden causar desde somnolencia hasta paro respiratorio.

7. Si se administran dosis inferiores a las requeridas, los medicamentos no logran el efecto deseado: ello es especialmente cierto en el caso de los niños, pues las madres tienden a administrar los fármacos en función de la edad y no del peso de sus hijos, o bien acostumbran seguir las indicaciones del envase sin conocer el peso del niño

Por estos motivos en caso de cualquier duda se debe consultar al médico.